Nos revolvía el pelo con cara de contento y las uñas negras por el carbón. Mi padre era así, sólo había que esperarle a la salida del puticlub del pueblo para que nos soltase unas monedas, que nunca supe si era para comprar nuestro silencio o porque salía la mar de contento. Luego invitaba a un chato de vino en el bar y jugaba una partida de cartas con sus compañeros de la mina antes de ir a casa.Mi padre ya murió. Ahora las prostitutas son africanas o sudamericanas y la mayoría de ellas tiene el SIDA. Yo trabajo en la mina.

4 comentarios:
COJONUDO Y ESTUPENDO Y GRACIAS POR DARLO.
Cíclico, excelente.
Me ha gustado muchísimo, lo he disfrutado.
Buen cuento, breve, pero bien hecho. Saludos
Hola, he estado leyendo tus microrelatos y decirte que me han gustado mucho. Yo también sigo cada semana el concurso de relatos en cadena. Un saludo y gracias por compartir lo que escribes.
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